Hace dos días iba a tocar el piano en un concierto en el Salón del Manga de Andalucía. Os podéis imaginar qué iba a tocar. Por primera vez, tras mis éxitos en Francia y Suiza, los españoles podrían disfrutar con mi arte músico-videojueguil, de no haber sido por un pequeño contratiempo.

En septiembre de este año decidí contactar yo directamente con algún organizador de algún Salón del cómic/manga/videojuego y ofrecerme para dar conciertos de música de videojuegos, buscarme las habichuelas, que dicen. Porque aunque hasta ahora las habichuelas me han estado encontrando sin yo buscarlas no conviene confiar en esa suerte durante demasiado tiempo.

Pregunté a Google por eventos locales donde mi actuación encajara y entre varias opciones, me decidí por el Salón del Manga de Andalucía, que se celebraría en un mes y pico en el Kinépolis, que me pilla al lado. Contacté con la organización y me dijeron que sí estaban interesados. Así que nada, me puse a ensayar con vistas a tocar el sábado 10 de noviembre a las 12 de la mañana en una sala de cine gigante.

Las dos semanas anteriores al concierto estuve dedicado al 100% al estudio de las piezas que iba a tocar. Que no por ser música de videojuegos son “fáciles”. El día del concierto dormí poco. Me levanté a las seis, me preparé y fui al Kinépolis a las nueve, una hora antes de cuando había quedado con la organización para realizar pruebas de sonido y sincronización (iba a tocar mientras varios vídeos de los videojuegos que contenían los arreglos musicales se proyectaban en el cine). A las diez y diez finalmente fui junto a otros invitados del Salón a ver qué tal iba el tema de la sala de cine. Estábamos hablando con el organizador sobre lo que teníamos que preparar, cuando a mí se me ocurrió soltar: “Pues yo tengo que ver cómo es el piano que me habéis conseguido”. Entonces el organizador frenó,  se dio la vuelta, me miró fijamente y me dijo: “¿Es que tú necesitas un piano?”.

Lo que siguió después fue una búsqueda frenética de varias personas, con los teléfonos móviles echando humo, de algún comercio o de alguien que nos pudiera alquilar o dejar un piano digital o teclado de calidad en una hora… No hubo suerte y el concierto se suspendió.

Al parecer, los organizadores nunca habían necesitado alquilar equipo alguno cuando habían tenido conciertos en el pasado; los músicos traían sus propios instrumentos. Y supusieron que yo haría igual. Aunque en un email que les envié indicaba claramente que iba a necesitar que ellos pusieran el instrumento…

Se disculparon reiteradamente y me dijeron que podría ir a tocar al Salón del Cómic en marzo. Pues bueno… ¿Pero a mí quién me paga todo el tiempo que he dedicado a la preparación de este concierto? Parece que nadie. Tengo que empezar a pensar en blindarme los acuerdos para que si algo ocurre fuera de mi control que evita que pueda dar el concierto me paguen igual.

Espero que el concierto de Roubaix que tengo en dos semanas escasas vaya mejor, como los anteriores de Nantes y Lausana.

¡Tenía que ser en España!