Hace 365 días me levanté a las 6 de la mañana. Salí del piso que entonces tenía mi madre alquilado en la Gran Vía y me fui al parque García Lorca. A correr.

Aunque el parque no estaba aún oficialmente abierto al público por lo pronto que era los jardineros no me impidieron hacer varios largos a través del camino principal. Trotaba un largo y volvía andando al principio. Andar nunca me llegó a resultar un problema, pero no podía trotar durante más de tres minutos seguidos. Me ahogaba. En sudor. Casi que podría haber ahorrado el trabajo a los jardineros que regaban las plantas con mangueras, que me miraban extrañados, supongo que no sólo por la hora que era, sino por mi forma física.

Gori Fater

Hace un par de días estaba con mis tíos en una calle paralela a Friedrichstrasse.  Buscábamos una parada de autobús para ir a Alexanderplatz. Yo me adelanté para ver si encontraba alguna doblando una esquina. Era algo tarde. Como el tiempo apremiaba empecé a correr. Rápido. Rapidísimo. Nunca había corrido tan rápido. Llegué a Alexanderplatz. No había paradas hasta la plaza. Deshice el camino sin parar de correr. Tomamos un autobús de una parada por la que en un principio pensamos que no iba a pasar ninguno que nos viniera bien. El autobús tardó el doble en llegar a Alexanderplatz que yo corriendo [no es que corra más rápido que un autobús, sino que los muñecos estos estaban trabajando a mi favor (pero aún así…)]. No me cansé ni sudé.

Gori Slimer

¿Cómo es posible? Pues comiendo poco y bien. Llevando un estilo de vida saludable. Perdiendo treinta y ocho mil gramos. Haciendo ejercicio. Leyendo un montón de información sobre nutrición en Internet. Estableciendo fechas límite para cumplir objetivos. Siendo constante. Y sobre todo, porque quise de verdad. Mucha gente que quiere perder peso va a nutricionistas a que les pongan dietas personalizadas, compran revistas en las que cada mes se detalla la misma dieta-milagro, se apuntan a gimnasios, etc. Aunque puede que estas acciones ayuden en alguna medida a conseguir el objetivo, nada iguala la propia voluntad. Las dietas-milagro no funcionan, las personalizadas son tan aburridas que se acaban dejando y si quieres perder peso haciendo ejercicio no necesitas aparatos de gimnasio. Hay que tener en cuenta que lo que se debe hacer es un cambio de estilo de vida, no “portarse bien” durante un período de tiempo más o menos largo. Pagar por un gimnasio es obligarse a ir; en realidad no quiere hacerse. Se está “intentando” perder peso. Y tal como el sabio Yoda dijo:

“Hazlo, o no lo hagas. Pero no lo intentes”

Ya he completado el primer paso de mi plan secreto para conquistar el mundo…

More to come, late to arrive…