Hoy me desperté a las 8. Miré a través de mis seis metros de ventanas. ¡Qué asco, lluvia otra vez! No es que me importe que llueva, es que aquí siempre hace algo de viento y hace unos días una ráfaga prácticamente me rompió el paraguas.

Hm… Pero no parece lluvia, es demasiado gorda la gota… ¿Estará granizando? Tampoco… El granizo no suele caer tan despacio, ni en ángulo. Entonces debe estar…

… ¡Nevando! 🙂

La verdad es que el miércoles ya nevó un poquito, pero no duró nada. Hoy toda la ciudad se encuentra cubierta de copos. Y digo de copos, porque aquí la nieve no forma placas de hielo blancas al estilo de las que se pueden encontrar en los congeladores o en Granada cada diez años (cuando nieva). Aquí los copos mantienen su forma de estrellita helada al depositarse sobre el suelo (seco) o la vegetación. ¡Si uno se acerca mucho hasta puede distinguirlas!

(Interpretación del Photoshopista)

Hacía mucho que no veía nevar así… Creo que en algún año de bachillerato nevó bastante en Granada, a principios de siglo.

¿Quién se apunta a un picnic en las mesas del jardín Coppi?

Y a pesar de todo en mi habitación no paso ningún frío. No he necesitado poner la calefacción hasta ahora. Incluso paso calor por las noches, con este nórdico de entretiempo que me compré. El aislamiento térmico debe ser top-notch.

Me da a mí que las barbacoas tardarán un buen tiempo en volver a ver pasar chulet… ¡Salchichas!