El otro día fui al Ikea de Berlín. Nunca había estado en un Ikea. Nadie me había dicho cómo era un Ikea. Sólo sabía lo que vendían. Y que mi madre tiene una Cátedra en Catálogos de Ikea.

Bienvenido a la república independiente de nuestra casa. Ahora, para poder volver a la suya, haga el favor de visitar todas las habitaciones

Vale, en Ikea tienen muchas cosas, con un diseño agradable. Y buenos precios. No lo discuto. Pero el diseño de sus establecimientos es atroz. Te obligan a seguir un circuito que pasa por todas las secciones que tienen, hasta su almacén, para poder pagar en los cajeros, que se encuentran al final del recorrido, lo que hayas ido comprando por el camino. Sí, hay atajos entre secciones. Que tienen como objetivo perderte para que recorras de nuevo una sección que ya pasaste, no sea que te olvides de comprar algo.

Fui para comprar cortinas pero todas miden tres metros de alto. Demasiado para mí, así que al final sólo me compré un manojo de cinco perchas (2€). Las perchas estaban justo a la entrada de la tienda. Así que para pagar tuve que recorrer durante unos 10 minutos, a paso ligero, el resto de las dependencias de la república berlinesa de la tienda sueca. Una tortura para mí, que no me interesan la cantidad de cosas que tienen y no me gusta hacer turismo consumista. Yo voy a una tienda a lo que voy y porque necesito ir. Y a esta, no sé si volveré más… ¿Tan difícil es habilitar un pasillo de emergencia, aunque sea para claustrofóbicos?

Al menos sus anuncios son simpáticos:

Awwwwww!