Hoy estuve en la Oktoberfest y me lo pasé genial.

La Oktoberfest comienza a mediados de septiembre y finaliza durante los primeros días de octubre. Es parecida al Corpus en Granada, pero mucho más grande y más agradable. Por suerte, como era lunes no nos encontramos con millones de personas en el recinto; además, como las calles que hay entre las casetas y las atracciones son mucho más anchas, se puede andar con facilidad y no te sientes atrapado en un tumulto.

La puerta de entrada

Lo primero que sientes conforme te vas acercando a la entrada es el olor de las almendras garrapiñadas, que son muy típicas en la feria. Se venden en muchos puestos (podrían considerarse como el equivalente al algodón de azúcar en Granada) y las hay de muchos tipos, según con qué se enriquece el caramelo que las recubre: normales, de vainilla, de chili… Todas están muy ricas.

Por otra parte, lo primero que se ve conforme se llega a la puerta es gente apoyada en los árboles o sentada por los alrededores, a la que ya se le nota algo tajá.

Dentro de las casetas el ambiente es totalmente festivo. Casi todas tienen más de cinco mil sillas y alguna hasta más de diez mil, pero no es suficiente. La mitad de la gente, en vez de quedarse sentada en los bancos está de pie sobre ellos bailando y cantando al ritmo de clásicos musicales alemanes, con las jarras de cerveza en la mano. Las camareras bávaras típicas no dejan de realizar viajes de los toneles de cerveza a las mesas, llevando hasta 17 jarras de cerveza a la vez.

Lleno a reventar

Aquí el olor a almendras del exterior es sustituido por el olor a cerveza y a asado. ¡Incluso en una de las casetas habían asado una ternera entera!

¡Por poco no se dejan ni los huesos!

Cada caseta tiene una decoración propia, muy bonita y cuidada, con banderas y cintas con los colores azul y blanco (que representan a Baviera) o amarillo y negro (representando la ciudad de Múnich) como denominador común.

Varias casetas

Después de las casetas se encuentran las atracciones. Hay muchas más que en Granada y algunas que no había visto nunca. Más que una feria podría considerarse un parque de atracciones que lo montan para la ocasión.

El Señor de las Cervezas: Las Dos Torres

Atracciones

¿Cuántas veces habéis visto en la feria una montaña rusa con cinco loopings? Pues eso…

Después de reconocer el terreno fuimos a tomar algo. En vez de entrar a una caseta con miles de personas nos fuimos a una pequeña de madera en la que cabrían varias decenas de personas. Algo a lo que no acabo de hacerme a la idea es de que aquí en los jardines de cerveza ni las mesas, ni los bancos sin respaldo son de nadie, en el sentido de que pueden ser compartidos por varios grupos de personas sin ningún problema. Si en la feria de Granada vierais una familia de 20 personas alrededor de una mesa en la que quedan algunos asientos libres, ¿os sentaríais junto a ellos o buscaríais otro sitio? Con seguridad, buscaríais otra mesa, y si no hay, os iríais a otro sitio. Aquí no. Aquí si hay sitio libre en una mesa te sientas en él, aunque tengas que hacer al resto de los que ya están sentados levantarse para dejarte pasar… Y hasta se alegran de que haya alguien más en la mesa con quien compartir el rato.

Elegimos un sitio donde sirvieran cerveza Augustiner, considerada la mejor de Múnich (la Paulaner tiene el 2º puesto y la Franziskaner, el 3º)

Al estar sentados en una mesa compartida se entabla conversación con cualquiera enseguida y se cantan a una voz temas musicales alemanes con alguna excepción internacional interpretados live por un par de músicos. Todos brindan con todos sin conocerse de nada. Y algo que también me llamó la atención es que no había ningún televisor cerca molestando… Pasamos un rato agradabilísimo.

¡Aquí no se pierde la fiesta ni Pac-Man!

Tras comer y beber como bávaros nos dimos un paseo por la zona de las atracciones. Mi tío Günter tenía un taco de entradas gratis para la noria que le habían dado unos clientes suyos, así que nos montamos. Desde arriba se podía ver todo el recinto:

Zona de las atracciones

Zona de las casetas

Un rato más tarde nos compramos unos pinchitos de frutas recubiertas chocolate, y nos metimos en la Sala de las Ilusiones (el típico show cutre de monstruosidades y trucos de magia baratos) con la esperanza de encontrarnos con Aureola de Pérsiles, la mujer-cabeza parlante de Motril que se alimentaba de inderciones.

¡Pasen y vean!

Tuvimos mala suerte, porque no la encontramos. Sin embargo, encontramos a Arabella, la mujer sin cabeza, que posiblemente fuera hermana de Aureola, o su cuerpo, que al no tener cabeza acabó distorsionando su propio nombre. También nos saludó la mujer sin cuerpo del ombligo para abajo. Nos enseñaron un par de marionetas bailarinas grandísimas que daban grima, realizaron el truco de la mujer tumbada que levita, una pitonisa averiguó la fecha de nacimiento de varios asistentes a partir de su nombre y fingieron cortar en dos a un voluntario. Todo cutrísimo, aunque los trucos estaban bastante bien conseguidos.

Hay un dulce típico que se vende durante la Oktoberfest. Aunque se puede comer, la gente suele usarlo de adorno. Son unos pastelitos en forma de corazón con un mensaje dentro:

Como no se suelen comer, yo prefiero la versión española, conocida por el nombre de “Palmera de Chocolate”

Algo que me sorprendió es que la feria cierra a las once de la noche. Efectivamente, a partir de las once se cierran las casetas, y ya no puedes pedir más cerveza. Algo que sería impensable en la feria de Granada… ¿Alguien se imagina al propietario de una caseta granadina cerrando a hora punta? Imposible…

Nos compramos unas almendras garrapiñadas y una bolsita de Magenbrot y nos fuimos a casa. El metro estaba lleno de guardias de seguridad. Eso es de agradecer, porque a veces se forman peloteras y a la gente  le da por empujar.

Hoy fue un día muy completo y divertido. Lo único es que he comido demasiado. Intentaré comer menos los próximos días. Sí… Lo intentaré. 😛